Feb 3 2012

POEMA al 38 Congreso del PSOE

Este viernes leí en NuevaTribuna un poema de “La Espinela” titulado “Que te valga compa Alfredo” dedicado a Rubalcaba de cara al 38 Congreso del PSOE. Sin que siva de precedente, permítanme responderle con otro:

POEMA al 38 Congreso del PSOE

Que le valga a don Alfredo
haber sido del gobierno
y haber rescatado bancos
con Rodriguez Zapatero.

Que le valga a don Alfredo
y que le valga a Chacón
decir que el socialismo
es lo que ellos son
pa que las gentes de izquierdas
sigan creyendo el cuento
de que tocan reformitas
y no la Revolución.


Feb 2 2012

Menos Keynes y más Lenin

Javier Parra

En medio de la tormenta política, social y económica más profunda de los últimos 80 años, buena parte del abstracto espectro de eso que llamamos Izquierda se debate entre humanizar el capitalismo volviendo  a los “añorados” años del Estado del Bienestar, o declarar abiertamente que es necesario acabar con él. El debate, no exento de interés – como todos los debates políticos que se precien-, no tiene sentido si cada una de las propuestas no sólo tiene una hoja de ruta clara, sino que demuestra que lleva a algún sitio.

Resulta curioso que entre los primeros, quienes quieren ponerle bridas al capitalismo – no destruirlo – Keynes y su teoría económica ocupe buena parte de las bases de sus análisis de la realidad actual, así como de sus propuestas como alternativas a las políticas actuales de los gobiernos nacionales y las instituciones internacionales. En líneas generales lo que Keynes planteaba es dotar a las instituciones nacionales o internacionales del poder suficiente como para controlar la economía en las épocas de recesión o crisis a través de la política fiscal.

Déjenme decirles que en mi opinión, ser “keynesianista” para acabar con el capitalismo es tan absurdo como ser hitleriano para acabar con el nazismo.

Sea como sea, ni siquiera quienes dicen desear humanizar el capitalismo nos explican cómo lo van a hacer. Y no me refiero a programas electorales, porque que yo sepa ni en las elecciones municipales, ni en las elecciones generales, ni en las europeas, se pregunta a los ciudadanos sobre qué sistema quieren. Me refiero a qué hoja de ruta nos marcan esos ideólogos de reformismo para variar siquiera un poco el rumbo de las brutales reformas involucionistas que está viviendo éste y otros países “casualmente” desde la caída del campo Socialista. El debate está muy bien, y los análisis, y la información crítica, pero pocos de ellos han conseguido de momento hacer que los trabajadores y las clases populares dejen de estar a la defensiva y pasen al contraataque y a la conquista de nuevas cotas de poder y derechos.

Quizá cada persona de izquierdas debería interiorizar y responderse a una pregunta: “¿Quiero reformar y poner coto al capitalismo para que las cosas sean como antes o por el contrario lo que quiero es acabar con él por su naturaleza criminal y explotadora?”. Y cuando nos la respondamos de la manera más profunda y sincera, preguntarnos: ¿y yo dónde estoy?. Porque quizá deseemos lo primero y hasta presumamos de tener  - o de haber tenido – el carné de un Partido Comunista  y simpaticemos o militemos en una organización anticapitalista. Esa entonces ya será una cuestión de identidad política personal que cada uno – y cada organización – deberá resolver como mejor pueda.

Por contra, si la respuesta es que lo que queremos realmente es acabar con el capitalismo, surge una nueva cuestión casi tan importante: ¿Cómo? Y no me refiero tampoco a programas electorales, ni siquiera a repetir como autómatas postulados o ejemplos de los más grandes revolucionarios y pensadores marxistas. A lo que me refiero es a ¿cómo vamos a acabar con el capitalismo? ¿con qué lo vamos a sustituir? ¿cual es la ruta que vamos a seguir para conseguirlo?. Y con esto no digo que no se estén haciendo por parte de numerosos grupos, colectivos, organizaciones, etc. interesantísimos análisis, y se estén desarrollando fantásticas experiencias  y propuestas. Sólo digo que de momento no son capaces de aparecer ante el pueblo y ante los trabajadores como alternativa real de nada. La únicas esperanzas que tienen hoy los ciudadanos que quieren “otra cosa” son, o encomendarse a unas nuevas y lejanas elecciones para que gane “lo menos malo”,  confiar en que todo se vaya al traste y ver qué pasa, o pasar de todo y tratar de salvarse uno mismo. Y con esto no me refiero tampoco a esa parte consciente de la sociedad que ha decidido legítimamente militar, simpatizar o colaborar con la organización que considera oportuno para transformar la realidad; me refiero a las grandes masas, al 90% de los ciudadanos que no tienen ninguna implicación política, pero de cuya implicación – o su pasividad – depende al fin y al cabo que se produzcan o no grandes transformaciones en este país.

Por tanto, si lo que queremos no es reformar la realidad, sino transformarla; si no queremos poner coto al capitalismo, sino acabar con él; si queremos llegar a las masas y no quedar marginados, la respuesta tiene un nombre: Lenin.

Antes de que alguno se eche las manos a la cabeza y diga “¡ya ha llegado el trasnochado!”, déjeme decirle que el modernito Keynes  y los suyos fueron prácticamente contemporáneos a Lenin, y que lo único que hicieron fue salvar al capitalismo. Lenin y los suyos lo hicieron añicos. Pero ser “lenista” no puede ser repetir párrafos enteros de la obra de Lenin – increíblemente actual si se lee atentamente -, ni siquiera repetir su nombre un millón de veces, aunque a muchos nos encante. Ser leninista es partir del hecho impepinable que somos la inmensa minoría pero que defendemos los intereses y las aspiraciones de la inmensa mayoría, para a continuación coger la realidad en nuestras manos y tener la suficiente audacia y osadía para transformarla, poniendo en marcha los mecanismos oportunos donde los trabajadores y las clases populares – de izquierdas y derechas – se vean representados y ser capaces de empoderarlos de tal forma que sean capaces de desafiar y derrotar al poder económico establecido, y al poder político que esté servicio.

En los últimos meses he tenido la ocasión de conocer a numerosos grupos de personas de diversos territorios del país que están desarrollando una labor en este sentido, – sin contacto entre ellos y quizá sin ni siquiera haber leído a Lenin -, pero que merecen y merecerán la atención de quienes nos consideramos “leninistas”. No olvidemos que en ninguna de las organizaciones de la izquierda son todos tan puros, ni todos tan infieles. Lo que sí es importante delimitar la línea entre quienes quieren acabar en serio con el capitalismo, y quienes quieren hacerlo un poco menos criminal.

Mientras no hagamos eso podremos sacar más o menos pecho por ser de la organización más o menos revolucionaria, más o menos leninista, pero sólo servirá para prolongar la desorientación de la llamada izquierda transformadora, para dejar que el capitalismo cure su herida, y para que tengan que volver a pasar una o varias generaciones para tener una oportunidad como ésta.


Feb 1 2012

Poder Popular: la Revolución Francesa

Javier Parra

*Las aportaciones recibidas sobre las distintas cuestiones planteadas
en el debate serán incluida en la versión final del ensayo “Poder Popular

La Revolución Francesa fue sin duda el acontecimiento más importante que tuvo lugar durante el siglo XVIII y uno de los más importantes de la Historia de la Humanidad, ya que sirvió de inspiración en otros muchos países y sus repercusiones e implicaciones alcanzan incluso la forma contemporánea de entender la política para millones de personas. La Revolución Francesa supuso el triunfo de un pueblo oprimido sobre los privilegios de la nobleza, acabando de manera radical con un régimen anacrónico, opresor y antidemocrático como la Monarquía.

Durante el siglo XVII y el siglo XVIII Francia vivía oprimida bajo un régimen absolutista que dominaba a un pueblo que se encontraba en unas condiciones económicas insostenibles. Desde Luis XIV a Luis XVI los recursos se destinaron fundamentalmente al mantenimiento del Estado absolutista, con el alto coste que ello suponía. Ésto, unido a los años de malas cosechas, empujó a la inmensa mayoría de la población a la miseria más absoluta. Sin embargo, el último rey de Francia se negó a frenar el despilfarro y continuó defendiendo los privilegios de la aristocracia. Mientras tanto, el pueblo francés empezaba a cansarse.

Aunque los distintos ministros de Hacienda intentaron encontrar una salida a la crisis, sólo consiguieron agravar la situación económica. Además, la guerra en Estados Unidos y el envío de tropas al otro lado del Atlántico endeudó mucho más al país, ante lo cual se optó por subir los impuestos, lo que aumentó el descontento popular.

Se trató de obtener recursos de la nobleza, que también enfureció por no estar dispuesta a perder privilegios, por lo que trató de ocupar más cargos de la burocracia estatal y aumentó la explotación de los campesinos que trabajaban sus tierras.

En definitiva, con la economía del país arruinada, las masas populares hartas de la opresión, los campesinos cansados del poder feudal, la nobleza en peor situación que nunca y la Iglesia sin recibir el “diezmo” de los campesinos (la décima parte del producto de sus cosechas), la Monarquía se encontraba absolutamente arruinada y aislada.

El 14 de Julio de 1789, la burguesía se vio apoyada, frente a la Iglesia y la Nobleza, por los campesinos, que en medio de la agitación revolucionaria tomaron la Bastilla, símbolo del poder absolutista y cárcel para los opositores.

Hubo levantamientos en las zonas rurales, donde los castillos fueron saqueados e incendiados, lo que atemorizó de una manera definitiva a los defensores del antiguo régimen.

La Asamblea Nacional, que estaba formada por la burguesía, no era homogénea, sino que estaba dividida entre la “baja burguesía” (que representaba a comerciantes, profesionales, etc) y la “alta burguesía” (banqueros, propietarios, etc). Así, cuando llegó el momento de adoptar una forma de gobierno, la alta burguesía se puso de lado de los “Girondinos”, que querían instaurar una monarquía constitucional y abordar de una manera moderada los cambios. Frente a los “Girondinos” se encontraban los “Jacobinos”, que pretendían la instauración de una República democrática y exigían cambios radicales relacionados con el reparto de la riqueza.

Los “Jacobinos” recibían éste nombre porque se reunían en asambleas en un convento de la calle San Jacobo.

La Asamblea Nacional eliminó los privilegios de la nobleza, que tendría que pagar impuestos a partir de ese momento, y se eliminó el “diezmo” a la Iglesia. Poco después de dictaría la “Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano”, que se sintetizaría en las ideas de “Libertad, Igualdad y Fraternidad”.

La alta burguesía había conseguido hacer prevalecer sus intereses, y el 3 de septiembre se promulgaría una Constitución moderada, con el rey Luis XVI al frente del poder ejecutivo, la asamblea a cargo del poder legislativo y el judicial compuesto por jueces electos.

Sin embargo, los principios de Libertad, Igualdad y Fraternidad no terminaron de nacer porque, entre otras cosas, sólo podrían votar en esta democracia quienes pagasen determinados impuestos.

La nobleza no tardó, por tanto, en ver recortados sus poderes y su influencia, lo que la llevó a tejer alianzas con otros países absolutistas, algo que acabó con el derrocamiento del rey Luis XVI y su decapitación una vez se hizo evidente su alianza con la intervención extranjera.

La Asamblea Nacional fue desplazada y unos nuevos representantes liderados por los jacobinos se hicieron con el control del nuevo gobierno republicano, instaurando por fin el Sufragio Universal. La nueva República tuvo que luchar contra el avance de los ejércitos extranjeros y contra la aristocracia, pero también contra los Girondinos, que no aceptaban la nueva forma de gobierno.

Con Robespierre al frente se acabaría estableciendo un gobierno revolucionario que luchó contra todo aquello que pusiera en peligro la Revolución, guillotinando a los sospechosos de actividades contrarrevolucionarias. Se tomaron una serie de medidas para favorecer a las clases populares que marcaron el carácter social de la República: venta en pequeños lotes de los bienes expropiados a la nobleza, control de precios en artículos de primera necesidad, persecucíon de especuladores, obligatoriedad y gratuidad de la enseñanza, atención a niños y ancianos, descristianización, etc.

Las reformas de Robespierre despertaron las iras de la burguesía, que acabó logrando que Robespierre fuera detenido y guillotinado el 28 de julio de 1794. Tras esto, y ante la debilidad de la República, la alta burguesía provocó un Golpe de Estado que acabó con la vida de los líderes de la misma Convención que había ordenado la detención de Robespierre.

Entre los militares que apoyaron el Golpe se encontraba Napoleón Bonaparte, que no tardaría en hacerse con el poder, coronándose en 1799 como Primer Cónsul y en 1804 como Emperador.

En definitiva, durante el periódo de la Revolución Francesa se acabó con el sistema feudal, se abolió la monarquía absolutista, se difundieron en todo el mundo las ideas democráticas, se creó una República liberal y se separó Iglesia y Estado, sirviendo de ejemplo para otros muchos países durante más de dos siglo.

*Proxima publicación: Poder Popular | Grandes Procesos Revolucionarios | 3. La Comuna de París

*Extracto del ensayo “Poder Popular” de Javier Parra, que será publicado por
partes cada día durante las próximas semanas con el objetivo
de aportar al debate una breve visión histórica, presente y futura sobre
la construcción de mecanismos de Poder Popular.

www.poderpopular.es

 


Feb 1 2012

Poder Popular | Grandes procesos Revolucionarios: la Rebelión de los esclavos contra Roma

*Las aportaciones recibidas sobre las distintas cuestiones planteadas
en el debate serán incluida en la versión final del ensayo “Poder Popular


“La Historia del mundo es la historia de la lucha de clases”, afirmaba Marx, plasmando en una frase la realidad que humanidad ha vivido a lo largo de los siglos, en los que el conflicto entre clases sociales ha sido la base sobre la que han producido los hechos que dan forma a las sociedades. Esta lucha se da principalmente entre las dos clases sociales antagónicas que caracterizan cada modo de producción.

Veamos pues también, a modo de esbozo, algunas de las más importantes experiencias de la humanidad en éste sentido que han sido, de una u otra forma, pasos adelante y fuentes de inspiración de millones de hombres y mujeres en su incesante camino hacia la emancipación.

La Rebelión de los esclavos contra Roma

Pocas veces la Historia ha presenciado cómo un Imperio ha sido puesto contra las cuerdas por un movimiento como el que lideró Espartaco en el siglo I A.C contra Roma.
Espartaco, originario de Tracia (la actual Bulgaria), fue miembro de las tropas auxiliares de Roma, de las que desertó para posteriormente ser detenido y recluido a la esclavitud y posteriormente destinado a la escuela de gladiadores de Capua de Léntulo Batiato.

Allí fue donde Espartaco planeó, junto a Criso y Enomao, una rebelión de 74 hombres, que huyeron al monte Vesubio provistos de armas para gladiadores, y donde repartió el botín de manera equitativa entre sus hombres, lo que atrajo a gran número de seguidores entre los esclavos de las zonas cercanas al volcán.

Roma no daría demasiada importancia al incidente, por lo que envió una pequeña brigada para capturar a los rebeldes, pero fue derrotada y los rebeldes sustituyeron sus armas de gladiadores por armamento romano, lo que alarmó a los romanos, que enviaron 3.000 hombres al mando de Cayo Claudio Glabro para derrotarlos.

Sin embargo, volvieron a infravalorar a los esclavos. Claudio Glabro estableció el campamento al pie del volcán, donde comenzaba el único camino que llegaba a la cúspide, pero sin establecer ningún tipo de protección, por lo que cuando tuvo conocimiento de ésto Espartaco hizo descender a sus hombres por la parte más escarpada del volcán, y atados por cuerdas a la cepa de una vid silvestre, y cayendo por sorpresa sobre los soldados romanos les obligó a darse a la fuga desordenadamente, dejando el campamento en manos de los esclavos. Más tarde, cuando Roma enviase dos nuevas legiones a derrotar a los esclavos, éstas volverían a fracasar, por lo que el movimiento de los esclavos se extendió a todo el sur de Italia, y muchas ciudades fueron tomadas y saqueadas por los esclavos.

Espartaco, al darse cuenta de que los esclavos estaban tomándose la justicia por su mano, se dedicó a organizar un ejército regular disciplinado, que pudiera enfrentarse con éxito a las poderosas legiones romanas. Y así formó un ejército de unos 70.000 hombres, preparó la construcción de armas y organizó la caballería, con la intención de reunir el mayor número posible de esclavos y sacarlos de Italia cruzando los Alpes, ya que esta era la única posibilidad de libertad para la mayoría de ellos, y era poco posible sostener una larga guerra de desgaste contra la República romana, por lo que empezó a marchar con sus tropas hacia el norte, y con maniobras brillantes logró evitar las emboscadas que le tendieron los romanos y continuar su avance hacia el norte. Sus tropas se fortalecieron hasta tal punto que llegó a reunir hasta 120.000 hombres.

Sin embargo, cuando pudo cumplir su plan de cruzar los Alpes con todos sus hombres, no lo hizo. Éstos, probablemente eufóricos por sus victorias, prefirieron quedarse en Italia por lo que le obligaron dirigirse de nuevo hacia el sur, probablemente para llegar hasta el mar, transportar las tropas rebeldes a Sicilia y hacer de la isla un bastión rebelde inexpugnable. Sin embargo, los piratas que debían transportarlos acabaron traicionándolo, probablemente sobornados por los romanos.

Finalmente Espartaco se acercó a Brindisi quizá para cruzar el mar Adriático y desembarcar en Grecia o Iliria, aunque tampoco fue posible y en el año 71 a. C., en Apulia, libraría la última batalla con los romanos, y donde 60.000 esclavos, entre ellos Espartaco, cayeron en la batalla, mientras que los romanos solo perdieron 1.000 hombres. No se pudo localizar el cadáver de Espartaco, pero los romanos hicieron 6.000 prisioneros, que para dar al mundo una lección, fueron crucificados a lo largo del tramo de la Vía Apia entre Capua y Roma, separados uno del otro unos 10 metros.

La imagen de Espartaco como libertador de las masas oprimidas sería recordada a lo largo de los siglos, y ya en el siglo XX dio nombre al periódico de Karl Liebknecht y a la corriente comunista que éste lideró durante la revolución alemana de 1918-19, los llamados «espartaquistas».

*Proxima publicación: Poder Popular | Grandes Procesos Revolucionarios | 2. La Revolución Francesa

*Extracto del ensayo “Poder Popular” de Javier Parra, que será publicado por
partes cada día durante las próximas semanas con el objetivo
de aportar al debate una breve visión histórica, presente y futura sobre
la construcción de mecanismos de Poder Popular.

www.poderpopular.es

 


Feb 1 2012

Juan Torres López, un lastre para Izquierda Unida

Javier Parra | Concejal de IU

Cuando Izquierda Unida levanta cabeza siempre aparecen los “modernitos” para pisarle la cabeza, y si con ello pueden beneficiar un poquito al PSOE cuando se acercan unas elecciones, mejor que mejor. Eso debe haber pensado el “intelectual orgánico” de la sociademocracia Juan Torres, que en un artículo el pasado 31 de enero, dedica unos cuantos párrafos a señalar lo que, según él, es un “lastre para Izquierda Unida”. Y lo dice él, que ni siquiera se sabe si es miembro de Izquierda Unida, y la única militancia que se le conoce es la de escribir delante de un ordenador artículos con los que arregla el mundo y filosofa acerca del sistema y sus miserias.

Comienza su artículo el señor Torres diciendo que “a pesar de sus limitaciones, IU es el elemento político principal para aglutinar a quienes nos oponemos a las políticas neoliberales que se están aplicando”, y tras dedicar algunas pocas palabras a decir lo bien que lo está haciendo la coalición en algunos aspectos, no tarda en comenzar una batería de argumentos socialdemócratas con los que pretende señalar a los elementos de Izquierda Unida a los que hay que expulsar, e incluso ilegalizar. “De fuera vendrán y de tu casa te echarán”, se dice así, ¿no señor Torres?

El caso es que después de lanzar una primera ráfaga de piropos al parlamentario Gaspar Llamazares – enfrentado desde hace más de una década al PCE dentro de IU -, y de citar un par de casos de esos de los que nadie de la organización puede sentirse orgulloso, pone el objetivo en la presa fundamental de su artículo: los comunistas. Y lo hace para pedir, ni más ni menos, que la ilegalización de la página web de lasJuventudes Comunistas de Andalucía (Comité Provincial de Sevilla) por que defienden, según él, al “estalinista que en 1940 asesinó a León Trosky”, es decir, por un hecho que sucedió hace ni más ni menos que 72 años.

Y sigue arreando contra la organización comunista el señor Torres: “Yo sé que estas cosas pueden pasar en otros partidos (salvo la apología de asesinos políticos, que solo ocurre en algunos de extrema derecha fascista o nazi). Pero es que yo pienso que en Izquierda Unida no podrían suceder nunca y que, si desgraciadamente aparecen, deben ser erradicados inmediatamente y no dejarlos ir [...] como la de las juventudes comunistas que he mencionado, que defienden auténticas e inaceptables barbaridades políticas, ideológicas e incluso personales”. Y continúa: “Si Izquierda Unida no se desentiende definitivamente de quienes entienden la política como un negocio personal o como un pasatiempo ideológico de desocupados que nunca han dado un palo al agua y si no va más allá de lo que quieren imponerle quienes están en el pleistoceno de las ideas políticas, Izquierda Unida nunca dejará de ser una simple fuerza testimonial y, además, del viejo modo de hacer política. Y seguirá condenada a dedicarse, como creo que ahora está ocurriendo en unos momentos tan importantes para Andalucía, a los simples conflictos internos para ver quién tiene más poder dentro de la organización o va antes en sus mermadas listas electorales, en lugar de a presentar ante la sociedad un compromiso atractivo y eficaz para cambiar la sociedad.  Espero sinceramente que Izquierda Unida sea capaz de desembarazarse de todos esos lastres y que ojalá lo consiga cuanto antes”.

Juan Torres López retrata como nadie la corriente socialdemócrata de quienes aseguran apoyar a Izquierda Unida, pero que igual que hoy están aquí, mañana estarán allí, en el pesebre. Como Rosa Aguilar. De esa corriente que cree que hay que cambiar un poquito el sistema, pero sin estridencias. De los que ingenuamente creen que pueden transformarse las sociedades sin mancharse las manos y la corbata. De los que pretenden tener una autoridad política que no se han ganado en la calle, ni en la lucha, sino en las tribunas que usualmente le han puesto a los que hoy clava el piolet. Quizá se olvide el señor torres que el 90% de los carteles que pega Izquierda Unida los pegan comunistas; que el 90% de los actos que organiza Izquierda Unida los organizan comunistas; que gran parte de las sedes de Izquierda Unida son de los comunistas.

Torres está tan anclado en el pasado que recurre a Stalin y Trosky para echar un poco de basura sobre los comunistas de hoy, pero no nos dice en qué bando habría estado si hubiera vivido los años 40. ¿Con Stalin? ¿Con Hitler? ¿con Churchill? ¿con Vichy? ¿con Eisenhower?

Quizá por dedicarle este cariñoso artículo al intelectual orgánico de la socialdemocracia, señor Torres, éste o alguno de sus seguidores, me acuse de “estalinista”, “antidemócrata”, “radical”, “intransigente”, “ortodoxo”, “taliban”. Siento decepcionarles, en el colectivo de Izquierda Unida en el que milito y en la Agrupación del Partido Comunista – en Paterna -, muchos tenemos visiones distintas de la historia, e incluso del futuro, pero todos nos hemos arremangado y estamos trabajando juntos no para cambiar el sistema, sino para acabar con él; no para reformarlo, sino para revolucionarlo, y no se imaginan hasta qué punto.

El discurso del señor Torres es peligroso, es el mismo que el de Carrillo, que el de Rosa Aguilar, que el de Antonio Gutierrez, que el de López Garrido. Lo que pasa es que ahora el PSOE no vende, quizá tenga más suerte cuando la socialdemocracia salga del agujero.

Juan Torres no ha sido el primero, y tampoco será el último. Por mi parte hoy pongo punto y final a cualquier mínimo interés que pueda haber tenido por sus artículos (que ha sido muy poco). Por que el lastre para Izquierda Unida no son los comunistas, son “socios listos” como Juan Torres López.

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Jan 30 2012

Poder Popular | El poder del pueblo a lo largo de la Historia

Cada formación social a lo largo de la Historia ha venido determinada por unas determinadas relaciones de producción y por el grado de desarrollo de las fuerzas productivas. Existen relaciones de producción primitivas, antiguas, feudales, y capitalistas, cada una de ellas correspondiente a la sociedad primitiva, la sociedad antigua, la sociedad feudal y la sociedad capitalista, a lo largo de las cuales el ser humano ha tenido mayor o menor capacidad de decidir acerca de sus propios asuntos.

En cada etapa del desarrollo de las sociedades, las relaciones de producción se convierten en un freno para el avance de las fuerzas productivas; entre éstas y aquéllas surge un conflicto, resuelto por medio de una revolución social que derroca a la clase dominante e instaura nuevas relaciones de producción.

Veamos brevemente un pequeño esbozo de algunos modelos de sociedades a lo largo de la Historia, de sus relaciones de producción, y posteriormente (en el siguiente artículo) de procesos revolucionarios* que han supuesto enormes pasos adelante en la experiencia histórica del ser humano en su incesante proceso de emancipación.

Sociedad Primitiva

El aislamiento al que se veía sometido el ser humano primitivo le llevó inevitablemente a organizarse en grupos dedicados a la caza, la pesca o la recolección.

El hombre primitivo no concebía el concepto de propiedad privada de la tierra, y tampoco de los medios de producción. Sin embargo, sí se concebía lo que Marx denominaba “propiedad privada general”, que en el caso del grupo de mujeres eran una “propiedad sexual” de los hombres hacia el propio cuerpo de las mujeres.

Esta etapa, conocida por “comunismo primitivo”, fue una etapa caracterizada por el bajo nivel de las fuerzas productivas, la propiedad colectiva y la distribución igualitaria de los productos, por lo que es lógico que las decisiones de los grupos fuesen dirigidas principalmente a satisfacer las necesidades del colectivo.

Con el desarrollo de la ganadería y la agricultura en el Neolítico, se produciría la primera división social del trabajo, que aunque en las aldeas no afectase notablemente el igualitarismo entre los pobladores, con la “Revolución urbana” empezarían a aparecer de una manera nítida las clases sociales, así como el poder político y religioso.

Se sustituyó entonces el llamado “comunismo primitivo” por el esclavismo o bien por el feudalismo, ya fuera por propio desarrollo o como resultado de una conquista.

Durante siglos, sin embargo, numerosas sociedades “apátridas” continuarían existiendo bajo un sistema igualitarista primitivo. Eran – y son – sociedades no regidas por ningún Estado, con pocas posiciones de autoridad y ocupadas éstas de una manera rotativa. Hoy día siguen existiendo este tipo de sociedades, aunque la mayoría han sido obligadas a integrarse en los distintos Estados que las rodean.

La Grecia Clásica

Las polis griegas fueron las primeras en hacer de la esclavitud algo absoluto, siendo éste el principal modo de producción. También existían campesinos libres, artesanos, arrendatarios, etc., pero el modo de producción principal que regía la economía local era esclavista.

La proporción de esclavos en las polis griegas era enorme, según algunas estimaciones 3 a 2, o incluso 3 a 1 con respecto a los ciudadanos libres. Esto permitió que en el siglo quinto antes de Cristo, los griegos introdujesen un sistema de gobierno en el que las decisiones eran tomadas por los ciudadanos y no por un rey. Aunque evidentemente, en un régimen esclavista, los esclavos – principal fuerza productiva – no eran considerados ciudadanos.

Sea como sea, la “Democracia”, que Platón definía como “gobierno de la multitud” y Aristóteles “gobierno de los más”, funcionó en Atenas y en otras ciudades griegas hasta su supresión en el siglo III A.C a causa de la hegemonía macedonia.
La Democracia ateniense era un sistema en el que el pueblo participaba en las decisiones políticas por aclamación y en el que la rotación de los cargos era por sorteo y con una duración muy corta.

La Ekklesia – que significa “asamblea del pueblo” – era la principal asamblea de la democracia ateniense, y en ella podían participar todos los ciudadanos mayores de 16 años, sin distinción de clases. Sin embargo, como hemos visto anteriormente, no todos en Atenas eran ciudadanos. No lo eran las mujeres ni los esclavos. Tampoco los extranjeros.

La Asamblea se reunía en el “Agora”, donde los ciudadanos emitían sus opiniones y sus propuestas, y donde se discutían todo tipo de cuestiones relacionadas con el gobierno y que eran resueltas según el criterio de la mayoría.

La ateniense era una Democracia directa, a diferencia de la Democracia representativa que surgiría siglos después. Facilitaba la tarea de ésta forma de participación que las polis griegas fueran pequeñas y con pocos habitantes.

Como veremos, posteriores experiencias “democráticas” – incluso la burguesa actual -, heredarían elementos de la democracia ateniense como la prohibición de participar en ella a los extranjeros y a los menores de edad.

También fue la democracia ateniense la que por primera vez asignó una serie de deberes y derechos a los ciudadanos que debían ser cumplidos.

La República Romana

Del siglo V a. C. al siglo I fue la época de mayor implantación y extensión de la esclavitud en Roma. Aunque es muy difícil precisar una cifra exacta, el porcentaje de esclavos era mayor del 50% de la población, y eran la base de la economía romana, al igual que en Grecia.

Las guerras de conquistas emprendidas por la República romana significaron la adquisición de un gran número esclavos, que aunque estaban muy controlados por parte de los gobernantes, protagonizaron tres guerras serviles.

Durante sus dos últimos siglos de existencia, la República de Roma experimentaría excepcionales cambios causados por la incapacidad de controlar a los nuevos territorios sometidos, lo que desembocó en grandes tensiones políticas y conflictos – como las rebeliones de esclavos que llegaron a poder en jaque a Roma – que acabarían con la República y darían paso al Imperio, que se extendería hasta el año 476 D.C, año que se establece como el fin de lo que conocemos como la Edad Antigua, dando comienzo a la llamada Edad Media.

Entre las principales diferencias entre de la Democracia de Grecia y la de Roma podemos destacar que ésta última solía conceder la ciudadanía a personas que no eran de origen romano, lo que junto a la concepción del ser humano como parte de un principio divino – ya que el judaísmo y el cristianismo defendían los derechos de los menos privilegiados y la igualdad entre todos ante Dios -, ayudó a desarrollar la teoría democrática moderna.

La Civilización Maya

Un caso particularmente interesante de proceso social es el del pueblo Maya. Un proceso tan apasionante como enigmático, pero que dejó para las generaciones actuales algunas cuestiones que al menos deben hacernos reflexionar.

Entre los años 300 y 900, el llamado “periodo clásico” de los mayas, fue cuando se construyeron las pirámides, los palacios sagrados, las grandes esculturas, etc, en un periodo caracterizado por una estratificación social muy acentuada, y en cuya cúspide se encontraban los sacerdotes y la élite gobernante.

Sin embargo, a partir del año 900 la cultura maya colapsó y con ella la estratificación elitista de la sociedad. Los mayas no dejaron de existir, sino que abandonaron los lugares que en su día fueron símbolo del elitismo, las pirámides, los palacios, etc. Se cansaron de las élites, se alejaron de los edificios suntuosos.

Los Mayas no fueron un imperio, por lo que al contrario de lo que le sucedió al Imperio Azteca – que cuando cayó la monarquía se derrumbó entero en pocos años – en el pueblo maya no se produjo una caída repentina. Vivían en pequeños Estados que los conquistadores tenían que conquistar uno por uno, y que nunca llegaban a conquistar del todo, porque cuando uno caía, otro se levantaba.

Los Mayas siguen existiendo hoy día, y habitan más o menos en las mismas zonas que lo hicieron en el pasado (México, Guatemala, Honduras, El Salvador…).

Los pueblos mayas eran pueblos comprometidos con la libertad, que nunca se han sometido a lo largo de los siglos, y que se le rebelaron y se siguen rebelando contra las autoridades que violan su cultura de libertad.

 

Estas breves pinceladas, fundamentalmente de los tres últimos ejemplos, pueden darnos una idea de las bases culturales sobre las que muchos siglos después se sustentarían distintos procesos sociales y revolucionarios en Europa y América.

*Proxima publicación: Poder Popular | Grandes Procesos Revolucionarios | 1. La Rebelión de los esclavos contra Roma

*Extracto del ensayo “Poder Popular” de Javier Parra, que será publicado por
partes cada día durante las próximas semanas con el objetivo
de aportar al debate una breve visión histórica, presente y futura sobre
la construcción de mecanismos de Poder Popular.

www.poderpopular.es

 


Jan 29 2012

Poder Popular | Prefacio

JAVIER PARRA
La Comuna tuvo que reconocer desde el primer momento que la clase obrera, al llegar al poder, no puede seguir gobernando con la vieja máquina del Estado que, para no perder de nuevo su dominación recién conquistada, la clase obrera tiene, por una parte que barrer toda la vieja máquina represiva utilizada hasta entonces contra ella, y por otra parte, precaverse contra sus propios diputados, declarándolos a todos, sin excepción, revocables en cualquier momento”

Karl Marx

Muchos han sido los movimientos democratizadores o de empoderamiento del pueblo a lo largo de la Historia. Gran parte de ellos derrotados de una u otra forma, aunque siempre dejando un rastro centenario de experiencias positivas y negativas, de prácticas eternamente válidas, de otras extremadamente utópicas, pero todas ellas inspiradas y guiadas por un instinto “revolucionario” entendido este como elemento transformador de una realidad imperfecta. Por supuesto, también han existido innumerables movimientos reaccionarios, que con la bandera de la supuesta democracia han confrontado con los primeros en una magnitud tal que en más de una ocasión han situado a las distintas sociedades – e incluso a la propia humanidad – al borde del abismo.

Desde la democracia ateniense hasta los movimientos asamblearios de masas en los inicios del siglo XXI, pasando por la Revolución Francesa, la Comuna de París, la Revolución Rusa o las Revoluciones latinoamericanas, el mundo ha presenciado grandes pasos adelante de la Humanidad, y también grandes traspiés, emboscadas y pasos atrás.

Los años finales del siglo XX y los principios del XXI han supuesto para la humanidad un auténtico cambio paradigmático en cuanto a lo que a la concepción del mundo por parte de la sociedad se refiere.

Señaló Karl Marx que “la desvalorización del mundo humano crece en razón directa de la valorización del mundo de las cosas”, y bien podríamos recuperar esta afirmación para una época como la actual en la que la Revolución Tecnológica ha superado con creces la repercusión que en su día tuvo la Revolución Industrial, mundializando las contradicciones de un sistema levantado sobre la explotación y el empobrecimiento, y que genera al mismo tiempo en sus entrañas una fuerza contraria y democratizadora que puede hacerlo saltar por los aires.

La Revolución Tecnológica y la era de la Comunicación sirven, por un lado, a la globalización de la economía y la explotación, aunque por otro a la mundialización de la Resistencia.

El presente texto* pretende, de una manera lo más simple y concisa posible, ligar los procesos de empoderamiento social a lo largo de la Historia con las luchas contemporáneas que van en esa dirección, para finalmente esbozar una propuesta de síntesis en base a experiencias pasadas y presentes de lo que podría ser un proceso de empoderamiento de las fuerzas democráticas para asaltar el poder real en un momento en el que los “mercados” han asaltado el poder político en Europa.

Paterna, 29 de enero de 2012

*Extracto del ensayo “Poder Popular”, que será publicado por
partes cada día durante las próximas semanas con el objetivo
de aportar al debate una breve visión histórica, presente y futura sobre
la construcción de mecanismos de Poder Popular.


Dec 31 2011

2012: el año del rescate

Javier Parra

2011 fue el año del golpe de estado financiero en España y en otros países de Europa, y también el año en el que se inició la fase final del desmantelamiento del Estado por parte de los mercados hasta reducirlo a medio plazo en un mero mecanismo represor. Banqueros, tecnócratas y criminales financieros entran a formar parte de manera directa en los gobiernos y se da la orden de ejecución de los Servicios Públicos a nivel municipal, autonómico y estatal, y los mercados depredadores aceleran el paso para imponer sus recetas antes de que se produzca una reacción popular lo suficientemente fuerte como para frenarlas. Unas recetas en la que los ingredientes principales son los trabajadores y las clases populares, y el comensal es el insaciable régimen que en su caída arrastra al abismo a los pueblos de Europa.

2011 fue también el año en el que un pueblo que parecía dormido y aletargado se encontró al despertar  con la pesadilla de la realidad en la que cientos de miles de familias son desahuciadas de sus casas, en la que millones de personas son condenadas a una situación de miseria absoluta y en la que una cuarta parte de la población vive por debajo del umbral de la pobreza. Una realidad en la que a la democracia ya hay que ponerle comillas y en la que los bancos y las entidades financieras gobiernan definitivamente nuestras vidas.

Ante la dramática situación, las hordas neoliberales se lanzan como alimañas sobre nuestros derechos básicos y sobre nuestra dignidad  para devorarlos y convertirlos en beneficios económicos.

La situación no mejorará a corto plazo entre otras cosas porque a los mercados no le interesan que  mejore, y a sus capataces ahora con mayoría absoluta en España tampoco; es el momento perfecto para purgar a España con su aceite de ricino de privatizaciones y precarización de la vida y los derechos.

Mucho se ha especulado con un posible rescate financiero de España durante el último año, y mucho se seguirá especulando sobre un rescate financiero que tendría las mismas consecuencias que si nos echaran una cuerda al cuello mientras caemos.

Aunque 2012 quizá sea el año del rescate, pero no por parte del FMI y los organismos financieros internacionales, sino por parte del pueblo que se alce sobre los primeros, los desafíe, los juzgue en las plazas y los condene. Pero para eso además de agitar las manos habrá que levantarse… y apretar los puños.

 


Dec 29 2011

Las cuentas del rey: una inocentada Real

Javier Parra / @javier_parra

Este 28 de diciembre de 2011 quizá pase a la historia como el día en que se le gastó la mayor inocentada a los españoles en toda su historia. Resulta que los medios de comunicación cacarean que la Casa Real hizo públicas sus cuentas, lo que pasa es que cuentan la noticia a medias, y eso en mi pueblo es mentir.

Dicen las cuentas publicadas que de los 8,4 millones de euros que los presupuestos asignaron a la Zarzuela en 2011 solo 814.128, menos del 10%, se destinan a las retribuciones de la Familia Real. Concretamente el rey cobró 292.752 euros brutos, de los que 140.519 fueron salario directo y 152.233 gastos de representación.

Lo que no explica nadie es cómo puede ser que  Juan Carlos Borbón tenga una fortuna – según la revista Forbes y Eurobusiness – de 1.790 millones de euros cobrando “únicamente” 292.752 euros brutos al año.  Y es que si el rey cuando fue coronado llegó al trono con una mano y una detrás, ¿es que cobra alguna comisión cuando hace de intermediario de los negocios de España en el extranjero? ¿nos están mintiendo con las cuentas? ¿es capaz su graciosa majestad de multiplicar los euros como Cristo hacía con los panes y los peces?

Y cabrían  más preguntas, ¿tiene el rey dinero en paraísos fiscales? ¿a cuánto asciende realmente la fortuna del rey y su familia? ¿a cuánto asciende la suma de los regalos recibidos por el rey en todos estos años?

No se si recordarán ustedes cómo hace unos años un nutrido grupo de empresarios mallorquines hicieron una colecta para regalarle el yate Fortuna al Borbón y recaudaron 2.600 millones de pesetas, según el periodista Matías Vallés, a lo que el Gobierno regional de Jaume Matas (PP) sumó 400 millones. Recuerdo también a los lectores que el ex-president de la Generalitat, Francisco Camps, está en el banquillo por unos trajes, pero el Borbón ha recibido yates y hasta ha presumido de ello.

Pero bueno, al Borbón siempre le quedarán un puñado de diputados palmeros en el Congreso para que le den grotescas y forzadas ovaciones y que intenten hacer creer a los españoles que todo va bien y que hay Monarquía para rato. Pero no señores,  ya no cuela. El cuento se está acabando y los Borbones no acabarán comiendo perdices.

 

 


Dec 23 2011

Carta abierta a Camila Vallejo… y a sus críticos camaradas

Javier Parra / @javier_parra

Suele pasar que los comunistas acaban a la greña cuando de posicionarse sobre cuestiones de índole internacional se trata. La última polémica viene a raiz de unas declaraciones de la líder estudiantil chilena, Camila Vallejo, después de que el Partido Comunista Chileno enviase una carta de condolencia a las autoridades de Corea del Norte tras la muerte de Kim Jong-Il. “No creo que haya sido oportuno, creo que no correspondía”, replicó Vallejo, y añadió: “creo que ha habido un aprovechamiento mediático porque el partido siempre manda cartas de condolencias”.

Tras esto se sucedió un aluvión de críticas e incluso insultos personales y machistas contra Vallejo, en ocasiones usando los mismos argumentos utilizados por conservadores, derechistas o fascistas, relacionados con su aspecto físico.

En un momento en el que el sistema económico internacional se derrumba pero resulta tan peligroso como una fiera herida, entrar en un linchamiento político por un lado, o en una escalada de declaraciones públicas que serían recibidas con júbilo por el Departamento de Estado por el otro, sería un acto de torpeza imperdonable e injustificable.

Para empezar, y dado que incluso países “capitalistas”  han enviado sus condolencias a Corea del Norte, quizá Camila Vallejo debería haberse abstenido de hacer ninguna declaración distinta a lo marcado por su partido en un tema como éste, sobretodo por la repercusión pública que suelen tener sus declaraciones. Y por otro, quienes se han lanzado al acoso y derribo de Vallejo, bien harían en lanzar sus piedras en la dirección opuesta, si no quieren que las piedras acaben cayéndoles también a ellos encima.

No aprendemos, siempre nos pasa lo mismo cuando seguimos la agenda, los tiempos y el debate que nos marcan los mismos medios de comunicación que nos vapulean cada día.

A los comunistas se les reconoce en la lucha diaria, en el compromiso y en la capacidad de generar movimiento en la dirección correcta y de crear conciencia de lucha, y ahí coincidirían siempre tanto Vallejo como muchos de sus críticos. Por tanto, y siendo consciente de que esta carta puede no gustar a ninguna de las partes, confío en que la cordura se apodere de todos, que apretemos los puños y continuemos la única tarea que da sentido a nuestra existencia: la destrucción del capitalismo y la construcción de la sociedad socialista. Lo demás son armas para el enemigo.