Cada formación social a lo largo de la Historia ha venido determinada por unas determinadas relaciones de producción y por el grado de desarrollo de las fuerzas productivas. Existen relaciones de producción primitivas, antiguas, feudales, y capitalistas, cada una de ellas correspondiente a la sociedad primitiva, la sociedad antigua, la sociedad feudal y la sociedad capitalista, a lo largo de las cuales el ser humano ha tenido mayor o menor capacidad de decidir acerca de sus propios asuntos.
En cada etapa del desarrollo de las sociedades, las relaciones de producción se convierten en un freno para el avance de las fuerzas productivas; entre éstas y aquéllas surge un conflicto, resuelto por medio de una revolución social que derroca a la clase dominante e instaura nuevas relaciones de producción.
Veamos brevemente un pequeño esbozo de algunos modelos de sociedades a lo largo de la Historia, de sus relaciones de producción, y posteriormente (en el siguiente artículo) de procesos revolucionarios* que han supuesto enormes pasos adelante en la experiencia histórica del ser humano en su incesante proceso de emancipación.
Sociedad Primitiva
El aislamiento al que se veía sometido el ser humano primitivo le llevó inevitablemente a organizarse en grupos dedicados a la caza, la pesca o la recolección.
El hombre primitivo no concebía el concepto de propiedad privada de la tierra, y tampoco de los medios de producción. Sin embargo, sí se concebía lo que Marx denominaba “propiedad privada general”, que en el caso del grupo de mujeres eran una “propiedad sexual” de los hombres hacia el propio cuerpo de las mujeres.
Esta etapa, conocida por “comunismo primitivo”, fue una etapa caracterizada por el bajo nivel de las fuerzas productivas, la propiedad colectiva y la distribución igualitaria de los productos, por lo que es lógico que las decisiones de los grupos fuesen dirigidas principalmente a satisfacer las necesidades del colectivo.
Con el desarrollo de la ganadería y la agricultura en el Neolítico, se produciría la primera división social del trabajo, que aunque en las aldeas no afectase notablemente el igualitarismo entre los pobladores, con la “Revolución urbana” empezarían a aparecer de una manera nítida las clases sociales, así como el poder político y religioso.
Se sustituyó entonces el llamado “comunismo primitivo” por el esclavismo o bien por el feudalismo, ya fuera por propio desarrollo o como resultado de una conquista.
Durante siglos, sin embargo, numerosas sociedades “apátridas” continuarían existiendo bajo un sistema igualitarista primitivo. Eran – y son – sociedades no regidas por ningún Estado, con pocas posiciones de autoridad y ocupadas éstas de una manera rotativa. Hoy día siguen existiendo este tipo de sociedades, aunque la mayoría han sido obligadas a integrarse en los distintos Estados que las rodean.
La Grecia Clásica
Las polis griegas fueron las primeras en hacer de la esclavitud algo absoluto, siendo éste el principal modo de producción. También existían campesinos libres, artesanos, arrendatarios, etc., pero el modo de producción principal que regía la economía local era esclavista.
La proporción de esclavos en las polis griegas era enorme, según algunas estimaciones 3 a 2, o incluso 3 a 1 con respecto a los ciudadanos libres. Esto permitió que en el siglo quinto antes de Cristo, los griegos introdujesen un sistema de gobierno en el que las decisiones eran tomadas por los ciudadanos y no por un rey. Aunque evidentemente, en un régimen esclavista, los esclavos – principal fuerza productiva – no eran considerados ciudadanos.
Sea como sea, la “Democracia”, que Platón definía como “gobierno de la multitud” y Aristóteles “gobierno de los más”, funcionó en Atenas y en otras ciudades griegas hasta su supresión en el siglo III A.C a causa de la hegemonía macedonia.
La Democracia ateniense era un sistema en el que el pueblo participaba en las decisiones políticas por aclamación y en el que la rotación de los cargos era por sorteo y con una duración muy corta.
La Ekklesia – que significa “asamblea del pueblo” – era la principal asamblea de la democracia ateniense, y en ella podían participar todos los ciudadanos mayores de 16 años, sin distinción de clases. Sin embargo, como hemos visto anteriormente, no todos en Atenas eran ciudadanos. No lo eran las mujeres ni los esclavos. Tampoco los extranjeros.
La Asamblea se reunía en el “Agora”, donde los ciudadanos emitían sus opiniones y sus propuestas, y donde se discutían todo tipo de cuestiones relacionadas con el gobierno y que eran resueltas según el criterio de la mayoría.
La ateniense era una Democracia directa, a diferencia de la Democracia representativa que surgiría siglos después. Facilitaba la tarea de ésta forma de participación que las polis griegas fueran pequeñas y con pocos habitantes.
Como veremos, posteriores experiencias “democráticas” – incluso la burguesa actual -, heredarían elementos de la democracia ateniense como la prohibición de participar en ella a los extranjeros y a los menores de edad.
También fue la democracia ateniense la que por primera vez asignó una serie de deberes y derechos a los ciudadanos que debían ser cumplidos.
La República Romana
Del siglo V a. C. al siglo I fue la época de mayor implantación y extensión de la esclavitud en Roma. Aunque es muy difícil precisar una cifra exacta, el porcentaje de esclavos era mayor del 50% de la población, y eran la base de la economía romana, al igual que en Grecia.
Las guerras de conquistas emprendidas por la República romana significaron la adquisición de un gran número esclavos, que aunque estaban muy controlados por parte de los gobernantes, protagonizaron tres guerras serviles.
Durante sus dos últimos siglos de existencia, la República de Roma experimentaría excepcionales cambios causados por la incapacidad de controlar a los nuevos territorios sometidos, lo que desembocó en grandes tensiones políticas y conflictos – como las rebeliones de esclavos que llegaron a poder en jaque a Roma – que acabarían con la República y darían paso al Imperio, que se extendería hasta el año 476 D.C, año que se establece como el fin de lo que conocemos como la Edad Antigua, dando comienzo a la llamada Edad Media.
Entre las principales diferencias entre de la Democracia de Grecia y la de Roma podemos destacar que ésta última solía conceder la ciudadanía a personas que no eran de origen romano, lo que junto a la concepción del ser humano como parte de un principio divino – ya que el judaísmo y el cristianismo defendían los derechos de los menos privilegiados y la igualdad entre todos ante Dios -, ayudó a desarrollar la teoría democrática moderna.
La Civilización Maya
Un caso particularmente interesante de proceso social es el del pueblo Maya. Un proceso tan apasionante como enigmático, pero que dejó para las generaciones actuales algunas cuestiones que al menos deben hacernos reflexionar.
Entre los años 300 y 900, el llamado “periodo clásico” de los mayas, fue cuando se construyeron las pirámides, los palacios sagrados, las grandes esculturas, etc, en un periodo caracterizado por una estratificación social muy acentuada, y en cuya cúspide se encontraban los sacerdotes y la élite gobernante.
Sin embargo, a partir del año 900 la cultura maya colapsó y con ella la estratificación elitista de la sociedad. Los mayas no dejaron de existir, sino que abandonaron los lugares que en su día fueron símbolo del elitismo, las pirámides, los palacios, etc. Se cansaron de las élites, se alejaron de los edificios suntuosos.
Los Mayas no fueron un imperio, por lo que al contrario de lo que le sucedió al Imperio Azteca – que cuando cayó la monarquía se derrumbó entero en pocos años – en el pueblo maya no se produjo una caída repentina. Vivían en pequeños Estados que los conquistadores tenían que conquistar uno por uno, y que nunca llegaban a conquistar del todo, porque cuando uno caía, otro se levantaba.
Los Mayas siguen existiendo hoy día, y habitan más o menos en las mismas zonas que lo hicieron en el pasado (México, Guatemala, Honduras, El Salvador…).
Los pueblos mayas eran pueblos comprometidos con la libertad, que nunca se han sometido a lo largo de los siglos, y que se le rebelaron y se siguen rebelando contra las autoridades que violan su cultura de libertad.
Estas breves pinceladas, fundamentalmente de los tres últimos ejemplos, pueden darnos una idea de las bases culturales sobre las que muchos siglos después se sustentarían distintos procesos sociales y revolucionarios en Europa y América.
*Proxima publicación: Poder Popular | Grandes Procesos Revolucionarios | 1. La Rebelión de los esclavos contra Roma
*Extracto del ensayo “Poder Popular” de Javier Parra, que será publicado por
partes cada día durante las próximas semanas con el objetivo
de aportar al debate una breve visión histórica, presente y futura sobre
la construcción de mecanismos de Poder Popular.
www.poderpopular.es